MARIO CARRION - TORERO Y MAESTRO
A veces las circunstancias predisponen la vida del hombre.
En mi caso el pasar mi juventud cerca de una familia torera me inspiró a ser un conocido torero
durante diez años, y mi casamiento con una norteamericana me trajo a los Estados Unidos, donde
acabo de cerrar con éxito mis treinta años de etapa profesional como un educador.
Nací en el año 1933 en Sevilla, en el castizo barrio de la Macarena y allí pasé mi juventud.
Cerca de mi casa vivían mi tio Curro y primos Manolo, Rafael y Pepín, todos matadores de toros,
miembros de una dinastía torera: los Martín-Vázquez.
La convivencia con ellos me inspiró a querer ser torero, lo que se convirtió en mí en una
obsesión. Ellos, y especialmente Pepín, me ayudaron y me enseñaron la técnica rudimentaria del
toreo, lo que me permitió desarrollar mi innata habilidad artística.
Este aprendizaje dio tal fruto que en 1950, a la edad de 17 años completé mi primera temporada en
España como novillero sin caballos, apoderado por mi primo Manolo Martín Vazquez.
Después de dos años de torear por los pueblos, en julio de 1952 debuté como novillero en Tánger.
Después de torear varias novilladas hice mi presentación en Madrid el 14 de septiembre del mismo
año. El éxito fue completo pues corté una oreja en cada novillo y salí a hombros por la
"Puerta Grande". Hazaña que repetiría dos años después. Esa exitosa presentación me abrió las
puertas de los más importantes ruedos españoles, y el segundo triunfo madrileño me encaminó hacia
la alternativa de matador de toros.

El 30 de mayo del 1955, tomé la alternativa en Cáceres, de manos de Emilio Ortuño "Jumillano" y
con Pedrés de testigo. Este hito de mi carrera lo realicé con un sonado triunfo en mis dos toros,
ya que se me otorgaron cuatro orejas y un rabo. Durante cuatro años más seguí toreando como matador
en España, Portugal, Ecuador, Colombia, Perú, y otros países hispanos. Mi carrera torera se vio
interrumpida en diferentes ocasiones por cornadas serias y largas recuperaciones.
En mis últimos siete años profesionales fui herido gravemente por los toros en doce ocasiones.
Hasta diciembre d 1959, mis experiencias como torero no eran muy diferentes a las de otros tantos
matadores que competíamos en los ruedos, pero mi repentina decisión de dejar el toreo para
emigrar a los Estados Unido, con la intención de darle una nueva orientación a mi vida, hizo
mi experiencia singular.
En 1958, cuando me encontraba toreando en Ecuador, conocí en Quito a Sally Norton, joven
norteamericana arraigada en esa ciudad, con quien me casé. En noviembre del año siguiente en
Colombia, donde nos hallábamos con el motivo de yo tener que torear unas corridas, Juan, nuestro
primer hijo, vino al mundo en la ciudad de Cali. Al volver de Armenia, donde toreé la que seria
mi última corrida, sorprendí a Sally diciéndole que me retiraba activamente del toreo para
siempre.
Nos mudamos a Baltimore donde la familia de mi esposa residía. Aquí nació nuestro segundo hijo,
Allen Mario. Después de tomar unos cursos de inglés, ingresé en la Universidad de Maryland,
donde completé licenciaturas en Literatura y Sociología y luego, alternando los estudios con la
enseñanza, obtuve una maestría en Educación de Idiomas Extranjeros. Por treinta años he enseñado
español, he sido jefe del departamento de idiomas y supervisor de estudiantes de pedagogía en
varios escuelas superiores del Condado de Baltimore, y también he impartido cursos de español y
cultura hispana en varias universidades comunitarias.
Cuando creía que había dejado detrás mi experiencia taurina, un artículo en el diario Baltimore
Sun hizo publico el hecho de que "un profesor de español había sido un famoso matador.
Esto puso el foco en el 'maestro-matador' de un público que mostraba interés en conocer sobre
el polémico sujeto de 'bullfighting'. Me hicieron entrevistas, fui invitado a aparecer en varios
programas de televisión, a hacer presentaciones sobre el toreo y a escribir artículos sobre mis
experiencias.
En mí, esta atención revivió la pasión por el toreo, que a conciencia creía había reprimido,
pero latía solo adormecida. Este despertar, primeramente, solo tuvo un cariz académico pues mis
presentaciones y escritos me motivaron a investigar el aspecto histórico y cultural de la
tauromaquia para seguir instruyendo acerca de los toros. Luego al retirarme de la enseñanza,
un día en México, después de treinta años de no haber pisado un ruedo, no me pude contener y
tuve la falta de sentido común de torear unas reses en una tienta en una fiesta privada. Como
noté que no se me había olvidado como hacerlo, desde entonces anualmente voy a torear en privado
a California, donde ahora existe ganado bravo. Así que por pura casualidad, primero el profesor
encontró una salida para expresar su afición usando su adquirida experiencia pedagógica, y luego
el viejo matador usó su maestría taurina para practicar en privado su arte en los ruedos
campestres.