LA ESPADA CORTA

 

Por: Ramos (Pepe) Céspedes Linares


 

¡Dame la corta!  Decía mi papá enérgicamente mientras se aproximaba contrariado al burladero sosteniendo por los gavilanes  el estoque limpio con el que probablemente había pinchado; de vuelta al toro,  la solución buscada era infalible,  con esa espada corta casi siempre los sentaba o los ponía patas arriba.

Mi función como ocasional “ayuda”  detrás de la valla, era enjuagarla, secarla y ponerla en su funda “costura para abajo”    por la noche en el  hotel,  mi padre las sacaría  para limpiarlas nuevamente y echarles unas gotas de Glostora en cada uno de sus cuatro canales para evitar que el brillante acero se manche con  puntos oscuros.

Quizás el primer recuerdo que tengo de ella es haberla visto “desvestida”  con la semiesfera del pomo vacía y mi padre colocando la bola de jebe cubierta de  badana y vistiéndola con cinta roja de lana que remataba con vueltas de esparadrapo en la solana donde estaba marcada su procedencia: R. Luna – Valencia  1928

Poco a poco, conforme me iba familiarizando con los avios,  fui notando detalles muy particulares  de esta espada  que me inspiraba mucho respeto por su antigüedad y también mucha curiosidad por su forma; era recta y  “sin muerte” o sea,  sin la curvatura que tienen los estoques en el remate de la punta.

Alguna vez pregunté a mi padre ¿Por que no la usas todas las veces? 

Sus respuestas siempre escuetas en materia de toros, me obligaban a elaborar mis propias conclusiones; Me dijo: No ayuda y se expone. Lo que me quiso decir, es que por su ltamaño reducido, no servia como ayuda para armar la muleta y  al momento de entrar a matar,  había que ponerse un paso mas cerca para  señalar “delanterito”. Hecho muy cierto y comprobado por que es un sitio donde, hasta los pinchazos hondos, tumban.

Pero ¿Cómo llegó esta espada a sus manos y por qué tenía esas características?

Con seguridad,  esa  espada no siempre fue corta, debió haber  tenido  la medida extensa que requerían los toros de la “pre Guerra” (antes de 1936)  y Juan Belmonte la había mandado a hacer  especialmente así, al espadero de la calle Borrull numero 47 en el valencianísimo barrio del Quart, o sea a Don Ramón Luna.

Rafael Valera “Rafaelillo”  gran amigo  y peón de confianza de Juan, se la pidió prestada para matar unos festivales  y alguien en su cuadrilla decidió que la espada por su longitud,  podía calar los novillos y sin mas, le voló “una cuarta” de la punta.  Cuando Rafael fue a devolverla, Belmonte le dijo: la echaron a perder, quédate con ella.

La espada cruzó el charco  junto con los  sementales  que don Víctor Montero Kossut  había comprado  a Domingo Ortega en 1942  y por que Rafaelillo, fue el  encargado del transporte de las reses españolas desde el embarcadero en el puerto de Cádiz, hasta los cerrados de la hacienda La Viña en Jayanca, Lambayeque. 

Rafael como "conocedor" se hizo cargo  del renacimiento de la ganadería  y comenzó la ardua tarea de retentar todo lo existente  de Vilcahuara para seleccionar las vacas que asignaría a cada semental de  las procedencias que él y solo él, conocía con certeza. Había traido sangre Parladé  vía Gamero Cívico y Conde de la Corte pero también sangre Veragua del cortijo Navalcaide donde Ortega tenía una punta de este encaste por separado.

Su alquimia ganadera tenia que probarla en  extensas tientas y retientas, para lo cual, entusiasmó a los amigos del hijo del ganadero; el padre de uno de esos amigos, tenia una librería en la calle Teatro de Chiclayo y allí llegaba semanalmente el Contador del negocio  en compañía de su sobrino quien le ayudaba cargando los pesados libros de contabilidad.

El heredero de la librería Amado Lora Risco y Ramos Céspedes Chirinos el sobrino del contador, hicieron inmediata amistad y fueron parte del grupo que Rafaelillo llevó a la Viña para impartirles sus vastos conocimientos de tauromaquia delante de vacas, becerras, novillos y toros. La mejor de las enseñanzas en el mejor de los escenarios.

Cuatro años despues, cuando  el resultado del trabajo ganadero comenzó a dar frutos, Rafaelillo recibió la autorización para probarlos en Lima  y organizó una serie de  Novilladas de postín en la capital  con novilleros novedad de México, España y Venezuela, como era evidente que faltaba representación nacional, puso los ojos en un joven chiclayano en quien Rafael observó innegables condiciones para ser torero.

Este joven aficionado fue Ramos Francisco Céspedes a quien decide apoyar, llevándolo a debutar en la Plaza Monumental el 9 de Marzo de 1947 bautizándolo con el nombre taurino de Paco Céspedes, un nombre que el mismo anunciado, no reconoció en los cartelones al llegar a Lima.

¿Y este quien es? Me dijo que pensó.

Mi padre  se había vestido de luces solo una vez en la primavera de 1946 para matar un novillo en la Hacienda Roma deTrujillo anunciado como Ramos Céspedes “Ramitos” al lado de Pedro Espejo un veterano torero en esa época.

Cuando le confesó a Rafael su escasa trayectoria y que ni siquiera tenía espada, este le hizo abrir un armario y sacar una que estaba envuelta en periódicos diciéndole: Es tuya, una espada para valientes, tendrás que ponerte muy en corto y señalar dos dedos delante de la cruz, del resto no te preocupes saldrás "de durce"

Así es como fue suya esta espada que utilizó por última vez el 1 de Enero de 1987 en Tumán

 

 


Galería fotográfica

Rafaelillo hizo de la Viña, la mejor ganaderia de América,en base
a un paciente trabajo de acertada selección, cruzas y refrescos.


Paco Céspedes haciendo lucir, por ambos pitones,
la nobleza de una vieja vaca en retienta.

Las faenas camperas duraban semanas largas que requerian prolongadas
estancias en la hacienda. En la foto de arriba:Amado Lora y mi padre
en un paréntesis de la tienta, regresando de cacería.

En la foto de abajo: compartiendo con Victor J. Montero Aurich "Victor Jota"
hijo mayor del ganadero de "La Viña"

La tertulia por las tardes en uno de los patios de la casa hacienda.
En la foto: Enrique Céspedes, Gonzalo Gil, Lora y dos aficionados.

Empresa Rafaelillo, organizaba novilladas postineras en las dos plazas
capitalinas para evaluar los progresos de la ganaderia La Viña.


En una de las primeras, se presentó Paco Céspedes
el 9 de Marzo 1947, desmonterado y decidido.

Repitió seguido en las de Acho, ese mismo año y los siguientes.

Haciendo en las plazas lo que se asimilaba en el campo de una ganadería
recuperada con la mejor sangre brava y cuyas becerras ya embestian asi en 1950.

Siguiendo el consejo inicial hasta el final, con una espada infalible.

Visita al barrio del Quart en Valencia, donde se forjó "la corta"

Una ampliación se llevó el taller de Ramón Luna en el número 47 de la calle Borrull y en su lugar se levanta un moderno edificio.

y en La Viña, donde se forjó mi padre.

En la foto, Pepe Céspedes con el Maestro Rafaelillo
yendo a la placita de tientas (1953) .

En 1968, muy cercana la expropiación de La Viña por la
Reforma Agraria, posan: Don Jorge Montero, Paco y
Rafael Martín Céspedes.


José Aledón Esbri, Profesor, Historiador y autor del libro VALENCIA Y LA TAUROMAQUIA entre muchas otras obras, ha tenido la gentileza de enviarme una copia de la revista valenciana "La Reclam Taurina" del 9 de marzo de 1929, en cuya página 8 se puede ver publicidad de Ramón Luna, así como una foto del taller de otro maestro espadero valenciano contemporáneo de Luna: Vicente Ferrandis, situado casi al lado de las Torres de Quart, en la calle Guillen de Castro nº 48.

 

NOTA FINAL: Mi hermano, actual Matador de Toros Paco Céspedes Avant heredó el fundón completo de mi padre con el cual adquirió la destreza y seguridad para convertirse en un contundente estoqueador.